La vida es una barca

Hace poco quedé con una amiga y compañera de parrandas juveniles. Haría 3 años que no nos veíamos y la encontré algo cambiada, supongo que ella a mi también.

Comenzamos la puesta al día brindando y recordando tantas noches de fiesta, alcohol y trasnochada. Siempre había un cumpleaños que celebrar, un nuevo pub que descubrir o una fiesta en un piso en la que aparecer. Continuamos haciendo un repaso a lo que sabíamos de cada compañero de aquellas parrandas; los que desaparecieron en el mundo de los casados con hijos, los que se buscaron la vida en otro lugar y los que se esfumaron sin más, sin dejar señas ni pistas. Y cuando ya el pasado no daba más de sí pasamos al tiempo presente.

Lo que me contó fue un muestrario de desdichas, una antología de los males de nuestra edad. En este catálogo a todos nos tocan unos cuantos. Pero es que ella los tenía todos:

-“Estoy hasta las narices de mi trabajo. Ya llevo 24 años ahí”. ¿Quién podría culparla? ¿Qué ilusión puede dar llevar media vida haciendo lo mismo?

-“Encima es que no llego a final de mes. Solo la hipoteca se me lleva la mitad. Tengo que hacer malabarismos” Pues claro, no hay manera. Y aún están peor los de alquiler.

-“Mis padres están cada vez peor, más dependientes. Cuando no es un pito es una pelota, casi todos los días he de hacer gestiones para ellos” Y lo que nos espera…

-“Con mis hermanos fatal, siempre discutimos por el cuidado de los papás” Y suerte aquí que no eres unicornia, en ese caso tus hermanos pensarían que deberías ocuparte tú porque ellos eligieron trabajar y el trabajo es sagrado, pero tus viajes y proyectos son caprichos que deberías cancelar si tus padres necesitan algo.

– “¿Chatos?. Ni uno, hace mucho. Está el mercado fatal. El único que me gustó se fue con otra chica, una ex anterior. Los demás no me llaman nada y para no estar con ilusión mejor no estar” Menudo abismo hay en España entre hombres y mujeres. ¿Cómo es posible que nadie le valga a nadie y viceversa?

-“¿Salir? Ya no me apetece. No me motiva” Lo cierto es que no hay más remedio que renovar los alicientes, buscar nuevos quesos que roer.

-“¡Qué ganas tengo de jubilarme! No aguanto más” Pues espérate, que aún te quedan 15 años. Y eso para descubrir la gran sorpresa: que el sistema está quebrado.

Sería injusto centrarse solo en lo negativo. Podríamos hacer una lista de cosas positivas y maravillosas que hacen que la vida merezca ser vivida. Sería tan larga como la de la canción de Sabina, “Más de cien mentiras”

Pero tampoco sería falso afirmar eso de que “La vida es una barca”, como dijo Calderón de la Mierda.  

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